| |

04/08/2009
A partir de las 8.00 h en Ample, 5
Espace Cultural Ample
Hasta el 24 de octubre
Espace
Cultural Ample y la Fundación Privada para el Desarrollo del Arte
Contemporáneo en colaboración con el Circuit Festival, tiene el placer
de invitarles a la exposición colectiva vanity
que nos introduce de lleno en el mundo de las apariencias y
estereotipos en nuestra sociedad post moderna, donde el sentido de la
supervivencia vuelve a ser un tema relevante y en contradicción con lo
superfluo o aparentemente vanal, Este nuevo proyecto hará acento en
ambos aspectos de la vida, eternidad trascendental antes y después de
la muerte o goce y autocomplaciencia propia de nuestra "sociedad del
espectáculo".
En esta muestra se presentarán obras de artistas como:
DIVA, DAVID OCA, HAN BING, LAIA ESTRUCH, MICKAËL TRAMOY, NANI SERRANO, PATRICIA FAESSLER, RAMON GUIMARAES, ROBERTO RUÍZ, SEBASTIEN CHRISTOFFEL, SUDACADREAMS, ZAZO&BRULL, entre otros.
(...)
Eco era una joven ninfa de los bosques, parlanchina y alegre. Con su
charla incesante entretenía a Hera, esposa de Zeus, y estos eran los
momentos que el padre de los dioses griegos aprovechaba para mantener
sus relaciones extraconyugales. Hera, furiosa cuando supo esto, condenó
a Eco a no poder hablar sino solamente repetir el final de las frases
que escuchara, y ella, avergonzada, abandonó los bosques que solía
frecuentar, recluyéndose en una cueva cercana a un riachuelo.
Por
su parte, Narciso era un muchacho precioso, hijo de la ninfa Liríope.
Cuando él nació, el adivino Tiresias predijo que si se veía su imagen
en un espejo sería su perdición, y así su madre evitó siempre espejos y
demás objetos en los que pudiera verse reflejado. Narciso creció así
hermosísimo sin ser consciente de ello, y haciendo caso omiso a las
muchachas que ansiaban que se fijara en ellas.
Tal
vez porque de alguna manera Narciso se estaba adelantando a su destino,
siempre parecía estar ensimismado en sus propios pensamientos, como
ajeno a cuanto le rodeaba. Daba largos paseos sumido en sus
cavilaciones, y uno de esos paseos le llevó a las inmediaciones de la
cueva donde Eco moraba. Nuestra ninfa le miró embelesada y quedó
prendada de él, pero no reunió el valor suficiente para acercarse.
Narciso
encontró agradable la ruta que había seguido ese día y la repitió
muchos más. Eco le esperaba y le seguía en su paseo, siempre a
distancia, temerosa de ser vista, hasta que un día, un ruido que hizo
al pisar una ramita puso a Narciso sobre aviso de su presencia,
descubriéndola cuando en vez de seguir andando tras doblar un recodo en
el camino quedó esperándola. Eco palideció al ser descubierta, y luego
enrojeció cuando Narciso se dirigió a ella.
- ¿Qué haces aquí? ¿Por qué me sigues?
- Aquí... me sigues... -fue lo único que Eco pudo decir, maldita como estaba, habiendo perdido su voz.
Narciso
siguió hablando y Eco nunca podía decir lo que deseaba. Finalmente,
como la ninfa que era acudió a la ayuda de los animales, que de alguna
manera le hicieron entender a Narciso el amor que Eco le profesaba.
Ella le miró expectante, ansiosa... pero su risa helada la desgarró. Y
así, mientras Narciso se reía de ella, de sus pretensiones, del amor
que albergaba en su interior, Eco moría. Y se retiró a su cueva, donde
permaneció quieta, sin moverse, repitiendo en voz queda, un susurro
apenas, las últimas palabras que le había oído... "qué estúpida... qué
estúpida... qué... estu... pida...". Y dicen que allí se consumió de
pena, tan quieta que llegó a convertirse en parte de la propia piedra
de la cueva...
Pero el mal que haces a
otros no suele salir gratis... y así, Nemesis, diosa griega que había
presenciado toda la desesperación de Eco, entró en la vida de Narciso
otro día que había vuelto a salir a pasear y le encantó hasta casi
hacerle desfallecer de sed. Narciso recordó entonces el riachuelo donde
una vez había encontrado a Eco, y sediento se encaminó hacia él. Así, a
punto de beber, vio su imagen reflejada en el río. Y como había
predicho Tiresias, esta imagen le perturbó enormemente. Quedó
absolutamente cegado por su propia belleza, en el reflejo. Y hay quien
cuenta que ahí mismo murió de inanición, ocupado eternamente en su
contemplación. Otros dicen que enamorado como quedó de su imagen, quiso
reunirse con ella y murió ahogado tras lanzarse a las aguas. En
cualquier caso, en el lugar de su muerte surgió una nueva flor al que
se le dio su nombre: el Narciso, flor que crece sobre las aguas de los
ríos, reflejándose siempre en ellos.
(...)
"El que niega su propia vanidad suele poseerla en forma tan brutal, que
debe cerrar los ojos si no quiere despreciarse a sí mismo".
"La cosa que mejor hacemos, desearía nuestra vanidad hacerla pasar por
la más difícil. Esto puede explicar el origen de muchas morales".
Friedrich Nietzsche
(...) |
|